Otra noche de Rodney…entra un Conejo sale el Rock
La garúa le da cierto aire tenebroso a una noche de mayo, en este rincón frente al cementerio. Mientras,
el bar se va poblando de hombres que
componen casi la totalidad de los asistentes.
Conejo y Cachín empuñan unas poderosas Gibson para
acribillarnos con acordes de rock. La maestría del bajista y el baterista en
esta ocasión hacen brillar esas armas con cuerdas. En un momento de la noche hacen
su aparición unos tambores y la fusión con las tradiciones afrocubanas hace
gala de una sucesión de compases que hacen vibrar hasta esas cortinas que
desentonan con el lugar. Sale un Rock
Santana como uno de los platos fuertes que consumimos.
Próxima escena, se hace a un lado un Cachín para dar paso a
una negra cantante, Dana, que de negra solo tiene esa voz dulce que acaricia el
blues, para hacerlo volver por un ratito.
La melodía sensual calienta los cuerpos, los agita, los
excita, los arrima, los hace bailar, estremece la piel, acaricia el alma y
palpita en el corazón. Se armó el bailongo entre las mesas del fondo. En el
aire compactado por nuestras numerosas presencias se hacen presentes los
espíritus que poseen nuestros cuerpos y no nos dejan en paz, porque en cada uno
las vibraciones hace mover alguna parte, una pierna, una cabeza, una mano, que
intentan acompañar compases pegajosos.
Y entonces, Wi luz y entré y Willy Crook se puso a cantar,
casi de incognito con una gorrita que lo muestra como un cualquiera que pasa
por el lugar. Y entonces se hizo el Jazz, también en la misma noche.
¡¡El saxo que te parió!!Un reto a duelo entre el saxo y la
guitarra nos hace testigos del ardor que espera una chispa para hacer prender
fuego el aire inflamado del lugar. El saxo pasa al firmamento como una estrella
fugaz que tarda en apagarse.
Nosotros, todos los que estamos, somos
vampiros que nos alimentamos de esas sonoridades, como murciélagos de la noche.

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