*Por Vivian Palmbaum
La
memoria tiene sus recovecos. Lo primero que recuerdo del encuentro con el
maestro Juan Gelman es que me pareció que se le estaba cayendo el pelo. Unas plateadas,
cortas y finas hebras surcaban y se destacaban en la alfombra, en las mangas de
su pullover: un detalle tonto, insignificante tal vez, frente a la emoción de
ese encuentro.
Participé
en tres ediciones del Taller de Poesía “Paco Urondo” que Gelman coordinaba con
el auspicio de la Universidad de San Martín. En el primer año hubo un encuentro
abierto, con una nutrida concurrencia, del que no pude participar porque estaba
lejos de Buenos Aires.
La
cita ocurrió a fines de agosto de 2013, en la rectoría de la UNSAM, ubicada en
San Martín, Provincia de Buenos Aires, en un edificio que parece nuevo,
en una prolija sala de reuniones alfombrada y con una mesa ovalada y
cómodas sillas a su alrededor. El maestro se acercó personalmente a la puerta a
saludarnos. Así como lo cuento: Juan Gelman el mayor poeta vivo de la
lengua española, se acercaba a la puerta a darnos la mano y la
bienvenida.
Con
los compañeros del taller nos fuimos reconociendo de manera imprevista, porque
sólo nos conocíamos a través del espacio virtual. El taller se organizaba de
manera virtual: una experiencia fantástica de tiempos pausados, largos, para
poder leer las veces que quisiéramos y luego escribir algo que nos pareciera apropiado
respecto de cada autor: la obra
presentada, las interpretaciones y compartir nuestras lecturas y puntos de
vista.
El
poeta nos dijo que en esta ocasión había decidido hacer una reunión
sólo para los participantes del taller y se había organizado con muy poco
tiempo de anticipación, así que fuimos unos pocos los que pudimos acercarnos.
Una compañera oriunda de Formosa, estaba casualmente así que hizo suyo el
refrán “Dios atiende en Buenos Aires”, con una gran alegría.
Gelman
nos contó que seleccionaba personalmente a los autores, las temáticas y las
poesías que circulaban en el taller, y luego era coordinado por sus
colaboradores, también grandes poetas, que moderaban nuestros encuentros y nos
proponían algún material para que nos facilite y enriquezca nuestras interpretaciones.
Gelman nos preguntó qué nos parecían los poetas que nos presentaba, y a partir
de allí propuso su definición conceptual respecto de la lengua: “Los autores seleccionados ya no están vivos,
ya que la lengua es la lengua en movimiento, se va enriqueciendo, y cuando un
autor ya no está vivo se puede tomar contacto con lo definitivo de su abordaje
de la lengua”.Nos precisó que en sus selecciones poéticas estaban presentes autores españoles antiguos, como San Juan de la Cruz “porque toda poesía viene de una tradición y la tradición está en la lengua y la lengua evoluciona”.
La cadencia de su hablar, con su tono grave y bajo, y la tranquilidad y seguridad de su decir me producían un efecto de casi sordera que por instantes se me tornaba inentendible. Me daba la impresión de que a los demás no les pasaba, por ahí por la familiaridad que yo no tengo con la poesía. La experiencia del taller fue una verdadera aventura personal: hasta ahora no había tenido interés ni tiempo para la poesía y allí pude tomar contacto con el efecto poético que la lengua produce en su juego con las palabras.
Durante
el año anterior se había ordenado la temática y propuesta del taller tomando el
tema de la ideología y la producción poética. Hubo un intenso debate entre nosotros
al respecto. El maestro había presentado autores como Lugones y Roque Dalton.
Gelman en esta oportunidad tampoco dejó de abordar esa relación y fue bastante
categórico cuando dijo que ideología y composición poética tienen poco que ver:
“La ideología no ocupa un gran lugar en la historia del poema”, dijo. Leopoldo Lugones parece ser un
claro exponente de ello.
Me
sorprendió la alusión a Marcelo, su hijo, con algún chiste: “Mi hijo Marcelo
decía que el mejor estado del matrimonio es la viudez, aunque el muerto sea
uno”. Esas dos o tres menciones me conmovieron. Había una presencia,
entre nosotros, para hacerlo sonreír, porque su recuerdo era con una sonrisa.
Después del encuentro me enteré que había venido a presentar su último libro,
"Hoy", dedicado a su hijo.El encuentro transcurrió entre comentarios, risas, y gestos de cordialidad, donde trataba de contagiarme esos saberes de los poetas. El maestro abordó diferentes cuestiones como el oficio del poeta, y puntualizó que “no hay una experiencia que lo permita, sino la facilidad para encontrar las palabras”. Agregó “la dificultad para encontrar la propia voz. Lo que uno busca es el propio camino, lo que uno es, es con la lengua. Eso lleva toda la vida”.
El encuentro duró aproximadamente una hora y media y hasta hubo una foto grupal, en la que Gelman no quiso salir más que en un costado.
Tuve una gran oportunidad de agradecerle al poeta su generosidad, y mirar con admiración a un periodista y militante digno. El taller virtual que el maestro coordinaba era gratuito. Necesito volver a remarcar el enorme gesto de generosidad y entrega que significa que esa gran persona nos invite, nos oriente, y nos transmita sus interpretaciones.
Poco
tiempo después, a mediados de septiembre de ese año, 2013, nos llegaron unas líneas
que me dejaron helada. Gelman nos decía que no podía continuar con el taller
porque tenía problemas de salud y se despedía diciendo “pero no les digo adiós,
les digo hasta luego (siempre me gustó ese bolero)”. Me enojé, pensé ¡como
puede ser que hace poco tiempo lo vimos, nos entusiasmó y ahora interrumpe!
Pensé
que era una excusa.
Unos
meses después los diarios dieron la noticia de su muerte, su enfermedad previa
y después que sus cenizas, como sus pelos, volaron al viento, porque la lengua
que hablamos está en el aire, está viva, ya que porta los trozos de nuestras
tradiciones.
¡Gracias
poeta!
me atrapó el relato y sentí en carne propia esa gratitud rebalsada hacia las inmensas humildad y generosidad de Gelman a las que te referís.
ResponderEliminar... y ese recurso con el que abrís el relato refiriéndote al pelo ceniciento, y lo cerrás haciendo mención de sus cenizas dispersadas al viento; con el detalle no menor de haber citado la importancia que Gelman dio a estudiar la lengua muerta, dejándome interpretar cómo, desde un principio del relato, desde esa primera cita presencial del taller en agosto, Gelman ya empezaba a perecer: había culminado el movimiento de su lengua al publicar "Hoy", y les estaba sirviendo en bandeja ese "contacto con lo definitivo de su abordaje de la lengua".
muy gratificante de leer, me imagino el placer de haber sido destinatario de tal obsequio.
gran por compartir ese pedacito de vos!
un abrazo!!
gracias
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