El
mundo se haya dividido por una línea imaginaria que lleva el nombre de este
país y que determina la separación entre el Norte y el Sur. Acá, en el límite, también se
pueden ver las marcas del dominio que han ejercido los poderes colonialistas.
Por
Vivian Palmbaum
Primera
ojeada: Quito
(San Francisco de) Quito es la capital política de
la República de Ecuador. Emplazada a 2850 metros sobre el nivel del mar es sede
del gobierno nacional.
La altura fue siempre aliada de la selección de
fútbol: de local ganó siete de los ocho partidos de las Eliminatorias para el
Mundial. Así, tendrá la posibilidad de jugar su tercer mundial luego de haber
participado en Japón-Corea del Sur (2002) y Alemania (2006). Siendo una de los
seleccionados del continente con mayor crecimiento, su desempeño –integra el
Grupo E junto a Suiza, Francia y Honduras– es toda una incógnita.
Su centro histórico es colonial y data de alrededor
del 1600 con caminos empedrados que suben y bajan porque forma parte del
paisaje andino.
En esta sociedad las marcas de la
diversidad están a la vista: sus pobladores exhiben múltiples colores y estilos
en sus vestimentas, en sus lenguas y en
los matices terrosos que plasman en la piel la cercanía con la tierra. Un cruce de culturas diversas
puebla el país: se mantienen las identidades culturales.
Son más de las doce del día y la
plaza está poblada de personas que van comiendo mientras caminan, en movimiento.
Sin distinción de clase social se consume la oferta gastronómica callejera. Se
puede ver un señor bien trajeado o un originario habituados a esta ingesta. Todo
se ofrece por unos centavitos de dólar, la moneda de circulación legal.
La postal se completa con muchos
taxis de color amarillo, que son de acceso masivo por sus tarifas. El 75% del parque automotor está compuesto por
estos vehículos: sólo una minoría tiene acceso a vehículos particulares.
Riobamba está aquí
Riobamba, en el
centro del altiplano andino, fue sede de la primera capital nacional. Está
poblada de ferias gigantescas que centralizan desde productos frescos de la tierra
hasta indumentaria o cacerolas. En la plaza central se ubica la tradicional
representación de la fe evangelizadora, la
iglesia, en cuyas puertas puede leerse: “La
justicia no es de este mundo”. Del otro lado continúa la frase: “La justicia solo es de Dios”. Pienso: la
fe también ofrece sus respuestas tranquilizadoras.
Cuenca
Llegando a (Santa Ana de los ríos de) Cuenca van quedando atrás los cerros
y volcanes y en ese cambio de paisaje parecen ir perdiéndose los mil matices
del cruce entre la tierra y los cuerpos. Fue declarada “Patrimonio Histórico de
la Humanidad” por la UNESCO porque conserva la estructura arquitectónica de la
época de la conquista española, que se aprecia en las fachadas coloniales
perfectamente conservadas que le confieren un valor atractivo indudable: un
producto comercial que se ofrece para ser consumido. Tal vez, ésa sea la finalidad del valor
patrimonial.
Otro universo comienza a abrirse
en esta ciudad dedicada al turismo: los grafitis saltan a la vista y muestran otras marcas de identidad. Se pueden observar, también, a las cholas
cuencanas compartir el espacio público con otras mujeres que lucen lo más
novedoso de la moda actual.
Guayaquil
está acá
Se dice que es la capital
económica del país porque aquí se centralizan los mayores recursos. Es sede de
los poderes concentrados y de los poderosos y actualmente es sede de la
oposición al gobierno de Rafael Correa. En sus calles, puede apreciarse otro
modelo de país.
Guayaquil es una ciudad
cosmopolita, con grandes tiendas, shoppings y enormes puntos de venta de
artículos truchos. Aquí no es habitual que las mujeres porten sus usanzas
culturales. Occidente está presente a lo largo y ancho de la ciudad: el
occidente de la civilización blanca que colonizó América y que, silenciosa pero
persistentemente, impone sus jeans.
Guayaquil está atravesada
por el rio Guayas, de donde recibe su nombre. Un paseo costero por una
plataforma sobreelevada bordea gran parte del río. Su arquitectura muestra un
estilo moderno, llamado “Malecón 2000”: el emblema de la modernidad. Una
iconografía con la fecha en la que el país perdió su soberanía monetaria debido
a que los influjos neoliberales vieron conveniente imponer el dólar como única moneda
de circulación corriente.
La postal de Ecuador muestra
dispares realidades: por ejemplo, la integración de las culturas originarias a
la vida cotidiana y la doctrina del Buen Vivir como derecho constitucional. Sin
embargo, el país aún no ha podido recuperar su soberanía monetaria, una marca
de la globalización, que tiene mayor
presencia en los pueblos sureños y exhibe a las claras las desigualdades
sociales.
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