Hacia el centro del altiplano andino se ubica Riobamba. Fue la sede de la primera capital nacional, situada
en el punto medio del país. La ciudad
poblada de casas bajas, mantiene el estilo colonial y las ondulaciones características
de un terreno desigual que caracteriza al
paisaje cordillerano en donde está enclavada. Ahora una capital cantonal (provincia),
con mucho transito de día y un bello silencio nocturno que solo se ve
interrumpido por el sonido de los semáforos, que al compás de un reloj cucú habilitan
el paso para peatones, en cada esquina,
o por el sonido de los recolectores de residuos que acompañados por una música
de calesita se van anunciando en la calma nocturna. Parece una ciudad para
ciegos, por la señalización sonora que la atraviesa.
Concentra y reparte los desplazamientos hacia norte y sur del
país, y allí se llegan pobladores, de
todas partes para realizar sus
intercambios comerciales. Gigantescos mercados desde muy temprano centralizan todo
tipo de artículos, desde los más frescos de la
tierra, frutas, verduras, carnes rojas, pescados, cacao, entre otros hasta
indumentarias varias o cacerolas, entre tantas otras cosas. De modo más
informal, en sus alrededores las mujeres
campesinas también comercializan sus productos hasta que se terminen.
En la plaza central, se ubica la tradicional representación
de la fe evangelizadora, en cuyas
puertas puede leerse “La justicia no es de este mundo” y del otro lado continúa “La justicia solo es
de Dios”. La fe ofrece sus respuestas
tranquilizadoras.
Cuando va cayendo el sol se asoman los puestos de cocina de
las esquinas, que descubren variedad de olores y sabores para
los ávidos comensales que pueden elegir entre carnes de vaca, cordero, cerdo o
pollo cocinado en variedades que van desde la parrilla hasta el guisado.
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