Ecuador al norte: Otavalo


 
 
La avenida de los volcanes atraviesa Ecuador de Norte a Sur, llevando  este nombre  por  la gran cantidad de volcanes situados en la cordillera que atraviesa el país.
Otavalo, es parte de este recorrido,  situada en las inmediaciones del volcán Catopaxi,  a poco más de 100 km de la frontera con Colombia.  Se llega desde Quito en bus regular en unas dos horas y media de  viaje, que nos incluye en el paisaje andino que bordea el camino. Una alfombra con matices de verde viste los cerros en la región,  un trazado geométrico que parece un tramado  perfecto  muestra  las agriculturas familiares. Esto  parece  anticipar  una trama, la urbana que enlaza los rubros textil y agropecuario en un cruce de culturas diversas que pueblan  el país, en un clima de respeto  y armonía en donde se mantienen las identidades culturales.

A partir del discurso presidencial aprendí a distinguir que indígenas y campesinos no son lo mismo. Ambos son originarios pero mantienen tradiciones y culturas diferentes así como su relación con la madre tierra.  Aquí, al igual que en otras regiones andinas de Ecuador, los niños se llevan  amarrados al cuerpo de las mujeres,    lo que permite liberar los brazos para otras tareas manuales.

Esta ciudad es un lugar de intercambio y comercio para   las poblaciones rurales  y   urbanas.  Un sistema de economía social parece estar participando en las transacciones,  con una numerosa cantidad de cooperativas, de consumo y préstamo,  ubicadas a lo largo y ancho de la mayoría de las calles.  

El sitio es reconocido como atracción turística por la plaza mayor,  donde vendedores  y artesanos seducen con sus  mercancías a los turistas  para luego regatear.   La percepción visual  es reclamada  por los colores, tonalidades y pigmentos que se  reflejan en los variados productos  y también en los pobladores, muy vistosos, que en su mayoría pertenecen a la comunidad imbambureña y a colectividades de agricultores que  se diferencian por el colorido de sus indumentarias, verde, rojo, fucsia, entre otros.
Ataviados según la tradición, los nativos imbambureños se identifican por la vestimenta.  Las mujeres de polleras negras y largas hasta los tobillos,  con blusas bordadas envueltas  por un paño del mismo color oscuro de la falda, llevan collares dorados de numerosas vueltas alrededor del cuello y calzan una especie de alpargata. Los hombres llevan pantalones blancos y usan el pelo largo, trenzado o atado.  Pueden verse a las jóvenes escolares llevando bajo el uniforme ese atuendo, que parece casi reglamentario.
La fe cristiana, también es parte del paisaje, el santuario del Señor de la Angustias, está ubicado en la plaza central, un misterioso apelativo para algún santo, al que no es posible ver porque el templo está cerrado.


 
Otra vez en la terminal, tomamos el autobús que nos llevará hacia el sur, por la avenida de los Volcanes hacia Riobamba pasando por Quito.
 

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