Primera
parada: San Francisco de Quito
La
capital de la República de Ecuador está emplazada a 2850 mts. , situada
en el noreste del país y es sede del gobierno nacional. Su centro histórico, es un sector colonial que está conservado
con caminos empedrados que suben
y bajan, donde sus cuadras no son tan
rectas o sus esquinas tan precisas, formando
parte del paisaje andino. Sus vías ondulantes producen cierta fatiga y un poco
de mareo para los visitantes y para los
lugareños todo transcurre a un ritmo
pausado, tanto en su andar como en su forma de hablar, parece ser una manera de
entenderse con ese aire que se hace medio denso
por la altitud.
En la sociedad se ponen a la
vista las marcas de la diversidad, sus
pobladores exhiben múltiples colores y estilos en sus vestimentas, en sus
lenguas que suenan extrañas y en los
matices terrosos que se plasman en la
piel.
Son más de las doce del día y la plaza
está poblada de personas que van comiendo en movimiento, mientras caminan. En muchas esquinas de la ciudad hay una
nutritiva oferta callejera que es consumida sin distinción de clase social, se
puede ver un señor bien trajeado comiendo parado en una esquina. Un menú, en cada calle, para elegir entre seco
de pollo, guisados en bolsitas, sanduches, fritadas, carnes asadas, todo
acompañado por las variedades de papas
que se cultivan en la montaña. De
postre el convite se matiza entre
coloridas confituras como tortas con
crema, helados bañados en jalea, espumitas blancas o rosas, frutas frescas como
frutillas, cerezas, mangos o bananas.
Todo se ofrece por unos centavitos, de dólar, que es la moneda de
circulación legal. También hay una propuesta gastronómica más formal como
bares, restaurantes, parrilladas, cafeterías, las Mc. hamburgueserías, entre otros.
El transporte público, bus y
trolebús, es el medio para movilizar a la
masa de gente que circula todos los días, de norte a sur y de este a oeste. Además es
muy frecuente el uso del taxímetro, ya que es
económico y constituye la mayoría del parque automotor de la ciudad, el
75%, lo que quiere decir, asimismo, que solo una pequeña parte de la población posee
vehículo propio.
En
bus se puede llegar a uno de los típicos lugares, el hito de mitad del mundo, la línea topográfica
que divide el mundo en norte o sur, que se confunde con el nombre del país. Esa raya imaginaria y arbitraria, que parece
un juego para los visitantes, encierra la
paradoja de haber servido para dividir
los poderes dominantes en el planeta, ubicando por encima de ella a los que
tienen sed de absorver las riquezas de la humanidad. Toda una geopolítica se ha
construido a partir de este meridiano. Su testimonio se encuentra allí, en el
museo antropológico en donde se hallan
representadas las diferentes nacionalidades
que han ido componiendo esta tierra, todas
tienen en común la práctica de la fe católica, como efecto de la colonización.
El encuentro con Guayasamin parece imperdible, ese
notable artista plástico, sinónimo de Ecuador y principalmente de Quito, su
lugar de residencia, en donde deja su
legado para la posteridad, La Capilla del Hombre “como un homenaje al ser
humano, especialmente al pueblo latinoamericano con su sufrimiento, lucha y
logros, desde el mundo precolombino, la conquista, la colonia y el mestizaje”
asi dice la presentación. Desde este lugar la vista atrapa al esplendoroso
volcán Pichincha y la ciudad hincada a sus pies, tantas veces retratada por el artista. Allí
puede tomarse contacto con lo imponente de su obra y con su sensibilidad por la
condición del hombre.
Hasta aquí una metrópoli en
movimiento, con una población heterogénea, que se muestra integrada en la vida
cotidiana. Al mismo tiempo aparecen en
escena los guardias de seguridad que se multiplican, en cada comercio, en cada local de oferta
gastronómica, en muchos edificios, tanto de día como de noche. Las casas de los barrios más residenciales exhiben cercos electrificados que parecen
proteger de algún peligro. Un interrogante en cuya respuesta surge que existen
“sicarios” que pueden ser contratados como matones
por poca plata para cobrarse cualquier tipo de venganza o para robar. Parece un
resto de las épocas de gran miseria y desmesurada emigración empujada a exiliarse por motivos económicos,
que dejaron al país disminuido de habitantes, que han comenzado a volver por la reactivación
económica y la crisis en países como España a donde se había dirigido el mayor
flujo de migrantes.
A vuelo de pájaro, un avistaje
que me permitió sobrevolar algunas de las particularidades de un terreno fértil
para seguir recorriendo.
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